"Y arrancó noma' el mundial. Después de dos semanas de tanteo, de un fútbol terrible, avaro, que sólo ofrecía con cuentagotas cositas dignas de mencionar (ni tan sólo de recordar), parece que las cosas ya van en serio. Hemos tenido que esperar a los octavos de final, donde ya no cabe la especulación porque nadie se quiere ir a casa, para vivir esa intensidad y emoción que este jueguito de pelotita es capaz de insuflar en tanta gente.
Equipos que creíamos fiables (que eufemismo tan frío) se han vuelto a casa llorando desde su última plaza de grupo cuando jugando igual que ahora hace 4 años coronaron la cima del mundo futbolístico. Esto me hace reflexionar y tener la esperanza de que este deporte evoluciona, me hace creer que al final puedan quedar los equipos que más y mejor amen al balón.
Equipos que ya no tendrían que haber disputado la primera fase, que olvidaron que este juego se practica con los pies y no con las manos (y menos furtivamente), han dado un espectáculo lamentable y bochornoso dentro y fuera del campo. Una selección no debe avergonzar a sus seguidores de ostentar la misma nacionalidad que sus miembros. Pero bueno... algunos ya sabíamos de los malos modales y orgullo de un pueblo que se vanagloria de ser modelo de sofisticación y educación exquisita, y luego ni siquiera felicita al final del partido a un oponente superior y que le ha hecho sonrojar en el terreno de juego.
Mi sorpresa ha sido ese grupo de excelentes futbolistas comandados por el que fuera rey del fútbol que poco a poco parece ir dejando lugar a su sucesor. Sucesor que, acorde con los tiempos cambiantes, se muestra humilde, reservado y generoso. Parece que ya no corresponde con un número 1 mostrarse altivo, extrovertido y egoísta, aunque algún genio portugués insista en mantener ese modelo.
¿Será que después de tanta prueba ya ha conseguido vislumbrar el escenario ideal para hacer crecer a su equipo? Personalmente, no lo creo. Sigo creyendo que como motivador desarrolla sus mayores virtudes y ha sido cuestión de tiempo e insistencia que los muchachos hayan creído en él. En un mundo donde la estrategia, el cálculo, la racionalidad, parecen indicar el camino al éxito, no está de más que un equipo se mueva por pasión, fe y corazón.
¿Y qué decir de mi España? Después de un susto inicial, no por inesperado menos intenso, ha terminado cumpliendo el objetivo de clasificarse y de evitar a un Brasil "alemán" (eficaz pero carente de toda la magia y jogo bonito de tantos y tantos seleccionados anteriores que han convertido en hinchas suyos a aficionados de todo el mundo y quizás también a sus rivales). España debe sacarse de encima esa presión con la que los demás han querido ahogarla por haber hecho el mejor fútbol de los dos últimos años. No debe consentir que la traten como favorita pues llegados a este punto, si no se está acostumbrado a este tratamiento, un día de miedo, congoja y demasiada responsabilidad te puede dejar fuera de un mundo mágico que sólo se crea cada 4 años por obra y gracia de las televisiones, multinacionales y sponsores, pero que en fondo los aficionados sabemos que nace de la ilusión de ver a nuestra selección campeona, del deseo de decir que somos los mejores en algo y que, como cantó un catalán un día, no pedimos a nadie excusas para jugar al juego que mejor jugamos y que más nos gusta.
Confío en que el campeón sea un equipo que emocione con su fútbol, actitud y cercanía con el aficionado, que es para para quien al fin y al cabo se monta todo este tinglado, mezcla de circo y religión, que hace que durante unas semanas nos sentemos frente al televisor y compartamos algo con personas que de otro modo serian invisibles en nuestras vidas.
¡Larga vida al rey balón! "
Escrito el 26 de junio de 2010 una vez superada la fase de grupos del Mundial Sudáfrica 2010.
A mi tiísimo (para abreviar)
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