sábado, 24 de julio de 2010

¡LA PU... QUE ME PARIÓ!

Hoy estaba escuchando la canción "Pobre Cristina", del maestro Sabina, y en un momento dice "Sólo yo sé que dice la pura verdad (...)". Cuando decia "pu...", yo creía que iba a decir "puta", es decir "la puta verdad". pero no, dijo "pura". Me reproché el error y me dije "¿cómo vas a confundir/identificar "pura" con "puta"?"

Pensándolo mejor quizás no me desviaba tanto del camino. De hecho, sólo una letra separa a estas dos palabras tan sumamente antagónicas en su significado, pero quizás no tanto en su raíz, ni en su grafía o en el alfabeto (... R, S, T... entre la R y la T sólo hay una letra, la S, por lo tanto, también en el alfabeto las separa sólo una letra de ser la misma palabra).

Como es sabido, en la vida de Jesús (posiblemente el personaje más importante e influyente de la historia) hubo dos mujeres que marcaron su vida a fuego: su madre María (la virgen y PURA) y Magdalena (la prostituta o PUTA). Las dos le ofrecieron un amor incondicional y a las dos amó, por lo tanto tanta diferencia no debía haber; era sólo cuestión de matiz, de una letra.

El hombre como tal busca asemejarse a Jesús (no olvidemos que todos somos hijos de dios) y en consecuencia busca en su madre y en su mujer a esa virgen, a esa mujer PURA. Pero por otro lado, también busca esa amante, esa mujer que represente la PUTA, el amor carnal, el deseo que se hizo carne en forma de Magdalena.

¿Puede ser una necesidad cristiana la que lleve a los hombres a buscar su Magdalena? muchas veces se busca fuera del matrimonio o de la relación, pero sin embargo también pueden buscarse esas dos figuras en la misma persona. Recordemos ese dicho popular que se refiere a la mujer ideal como "una dama en la calle, una señora en su casa y una puta en la cama".

También las mujeres pueden querer experimentar esa ambivalencia. Y lo pueden hacer tanto dentro de su pareja como fuera. ¿Qué más se puede pedir que sentirse como las dos mujeres que marcaron al hombre más importante de la historia? Si eso no es sentirse poderosa...

En fin, sentirse pura, puta, virgen o diosa... no es tan importante. Lo importante es sentir todo lo que las palabras sólo pueden describir e intuir. Al fin y al cabo las palabras son sólo eso, palabras.

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